
COHERENCIA CARDÍACA
Todos hemos utilizado las expresiones: sentir mariposas en el estómago o tener una corazonada . La sabiduría popular no iba errada en estas sentencias. Recientemente se ha comprobado que existe más de un “cerebro” en nuestro cuerpo. Tanto el corazón como el intestino están dotados de sus circuitos neuronales formados por miles de neuronas. De ese modo, dichos órganos, poseen la capacidad, no sólo de tener sus propias percepciones sino que también pueden modificar sus respuestas e incluso variar según las experiencias. Es como si el corazón tuviera su propia base de datos de recuerdos.
No es descabellado, decir entonces, que tenemos una corazonada o bien guiarnos por nuestros impulsos.
Del mismo modo que debemos aprender a respirar correctamente podemos decir que tenemos la opción de enseñar a latir a nuestro corazón. Será entonces nuestra decisión: ser conducidos por nuestro organismo o bien ser nosotros quienes tomemos el mando.
Dicho de otra manera: nuestro corazón late en función de nuestras emociones y sentimientos. Pero, del mismo modo, podemos regular nuestras emociones si somos capaces de controlar nuestro ritmo cardíaco.
Dicha “conducción” se regula con los sistemas simpático y parasimpático. El primero libera adrenalina y noradrenalina preparándonos para la lucha o la huida acelerando nuestro ritmo cardíaco, mientras que el segundo facilita los estados de relajación y de calma, disminuyendo la frecuencia cardíaca.
De este modo, aprendiendo a regular nuestros ritmos cardíacos, tomamos las riendas de nuestro organismo.
Algunos de los beneficios que nos aporta la práctica de la coherencia cardíaca:
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Reduce de la ansiedad
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Reduce el insomnio
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Minimiza los dolores de cabeza
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Ayuda a nuestro sistema inmunitario mediante el aumento de la inmunoglobulina
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Reduce los niveles de cortisol
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Regula la tensión arterial
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Mejora la salud emocional: Reduce el estrés
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Favorece el rendimiento cognitivo
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Se ve aumentada la tasa de DHEA (hormona de la juventud)